Director: Víctor Gaviria
País: Colombia
Año: 2005
A lo lejos, dentro del recuadro oscuro, se escucha la oración de los cristianos: El Padre Nuestro; luego una imagen familiar aparece en la pantalla: un funeral Medellinense. Y es Medellinense por dos detalles: la presencia de los mariachis cantando en el funeral y los disparos al aire realizados por uno de los asistentes. Este es y fue un panorama típico en los cementerios en la época del narcotráfico de los 80’s y 90’s donde se acostumbraba y se acostumbra a dar la última despedida del ser querido que partió de esta tierra. Dicha costumbre radicaba más en aquellos que tenía el poder del dinero mal habido y del poder de las armas, es decir, del narcotraficante y del sicario respectivamente.
Sumas y Restas no sólo relata una historia; también describe el mundo del narcotráfico y sus truculencias, la forma cómo se hacen los negocios y de igual manera cómo se “deshacen”. Presenta de forma paralela la vida de los “niños bien” y la vida del “nuevo rico” salido a punta de embarques clandestinos. Sin embargo, el negocio del narcotráfico no sólo es de aquel que sube peldaños desde abajo sino que dentro del círculo de las familias distinguidas tenían sus negocios en el bajo mundo. Aquellos en que se sumergen en ese bajo mundo viven llenos de zozobra ya sea por una cárcel en los Estados Unidos o ya sea la muerte que los espera siempre al voltear la esquina.
Dentro del mundo del narcotráfico ya los roles de poder y status cambian, es decir, ya el hijo patrón deja de serlo para convertirse en el testaferro del hijo del obrero que ahora es poderoso y es el que manda. Ya los papeles cambian; en este momento ya no importa el cartón de estudio ni el apellido rimbombante, lo importante es la cantidad de dinero que te da el poder de matar, de estafar, de vengarte de aquel patrón que te humilló (lo anterior lo podemos constatar cuando Gerardo le reprocha por “las mechas de carro” que le entrega el padre de Santiago a su padre). El narcotráfico cambia vidas, cambia status y cambia roles que antes eran inquebrantables. Es más, el narcotráfico irrumpe no sólo en lo privado sino también en lo público; el dinero compra consciencias y votos.
Otro punto que toca el largometraje es el pequeño hilo que une al drogadicto del narcotraficante, es decir, ambos se retroalimentan y se complementan. Un narcotraficante vive en el mundo de la drogadicción mientras que un drogadicto está muy propenso a vivir en el mundo del narcotraficante. En este ámbito no se escapan ni las “buenas familias”. El mundo del narcotráfico y la drogadicción han unido familias de diferentes estratos o condiciones intelectuales. Y es que la modernización ha permitido esta permeabilización de clases y culturas.
Por otra parte, cabe destacar que en Sumas & Restas muestran no sólo dónde y cómo hacen la “mercancía” sino quiénes trabajan en ella: personas con algún defecto físico quienes se sienten agradecidos por el ‘patroncito’ por darles un trabajo bien remunerado aunque de ese dinero les saquen casi la mitad por deudas adquiridas con el patrón. Así mismo se puede observar la forma cómo la llevan para el exterior y el estricto control que tienen para ello.Frente al control, la vida de los narcotraficantes se basan en reglas sencillas, pero quienes las violan les espera la muerte.
Es importante resaltar que el flagelo del secuestro ronda ya por estos años. Al inicio de la película se toma el secuestro como una práctica más activa en los grupos guerrilleros; sin embargo, el narcotráfico toma esta modalidad para sacar dinero de aquellos ‘torcidos’ y, así, matar dos pájaros de un solo tiro: saldar la deuda y darle una lección. Dicha lección es que con ellos no se juega y que las deudas se pagan con sangre.
En conclusión, la modernización ha permitido que dos mundos –el campo y la ciudad- confluyan y se permeen mutuamente. La división del trabajo está basada en más en tú a tú, es decir, el narcotráfico ha permitido que las personas de escasos recurso, generalmente sin estudio, asciendan vertiginosamente alcanzando un estatus económico que conllevan a transformarse en patrón de sus patrones, el cultivo de papa por un cultivo exuberante de plantas alucinógenas, el azadón por sofisticados laboratorios.
Sin embargo, aquellos del campo que huyen dejando atrás su parcela, llegan a la gran ciudad y se enfrentan con esa misma realidad por la cual abandonaron sus vidas: el narcotráfico y, su derivado, la drogadicción. La modernización ha acabado con las grandes brechas que separaban tajantemente al campo y a la ciudad. La modernización obliga a estos dos mundos a vivir en conjunto y en perfecta desarmonía, a sobrevivir en la selva de cemento donde ya no existen el rico y el pobre donde el primero es de alta alcurnia mientras que el segundo viste de alpargatas y ruana; hoy por hoy, la modernización mide el estatus a través de la capacidad de hacer dinero en la menor brevedad y con la mayor rentabilidad ya no importa si tienes título o si eres de buena familia o si eres del campo o de la ciudad. Se es parte de la modernización si eres capaz de incluirte en el consumismo y provocar que otros consuman.
Respetando a Víctor Gaviria, me parece que es la única película de este Director Colombiano que tiene un hilo conductor, está estructurada y ya existe un diálogo más coordinado (antes era mera vulgaridades; ahora éstas tienen sentido dentro de un contexto).







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