En Colombia, el término de nación ha quedado estampado, como un término más, dentro de su Carta Magna; pero que cultural y políticamente no se evidencia como tal. Es decir, los colombianos somos una nación porque la Constitución de 1991 así lo establece, pero lo que más identifica a nuestra cultura es el regionalismo. Para entender un poco este fenómeno es menester conocer un poco acerca del concepto de nación.
La nación nace en Europa en un momento donde el feudalismo se segmenta en pequeñas regiones y fue gobernada por diferentes feudales; lo que generó múltiples guerras intestinas por la posesión y el poder de un territorio. Empero, frente a dicha situación de guerra, existía, dentro de la comunidad, ciertas características comunes que los identificaban y, por ende, los mantenían unidos. En este orden de ideas, los gobernantes de aquellas épocas lo que hicieron fue incidir en ese “amor” a la tierra, en unificar características propias para cada región, es decir, tener una sola lengua, una sola religión, una sola sangre. Tal cual como sucedía con el pueblo judío que a pesar de no tener un territorio establecido, fue y es capaz de mantenerse unido por tres aspectos (estamos hablando de un pueblo de más de dos mil años de existencia): la idea del ser el pueblo escogido, la del pacto y la expectativa mesiánica.
Los aspectos anteriormente mencionados se puede apreciar en los siguientes países: Alemania, Francia (principalmente), Inglaterra y España. Por ejemplo, en Alemania con Maximiliano de Hansburgo (1493-1519) se vivió un renacimiento a la reconstrucción del Imperio Romano puesto que ellos se consideraban los herederos directos de dicha tarea. Paralelamente, encontramos por estas épocas un hostigamiento territorial en Alemania ejercido por polacos, checos, franceses y turcos, es decir, el país germano se encontraba dispersado e invadido por otros países. Frente a lo anterior, ellos se idearon la forma de unificarse a través de la religión y de la raza. En otras palabras, los alemanes argumentaron que su superioridad racial se debía a que ellos eran dignos de gobernar el mundo puesto que habían contribuido con el fortalecimiento de la cristiandad al ser un pueblo que actuaba con justicia y virtud[1].
Ahora bien, el caso de Francia, antes de formar la idea de nación que hoy conocemos, tuvo que pasar por innumerables transformaciones sociales y políticas para poderse proclamar como una nación. En la antigüedad, en Francia existían diferentes tipos de dialectos, lo que impedía, de cierta forma, una unificación del país. Por tanto, ellos sabían que si querían una nación deberían fortalecer el lenguaje no como “un instrumento de expresión de los sentimientos nacionales, sino como la voz de la razón universal”[2].
Una característica importante del nacionalismo inglés es que la integración no fue en el individuo en la nación sino el individuo inmerso en la comunidad más allá de los intereses políticos. De aquí nace varios aspectos que luego retomará Francia: el derecho natural, la dignidad y la libertad de cada individuo como criatura de Dios. Para llegar a esos principios, Inglaterra tuvo transformarse de acuerdo a las circunstancias, por ejemplo, tuvo que unificarse junto con tres razas: los celtas, los sajones y los normandos; reemplazó gradualmente el francés y ya en 1362 el Parlamento empleó el inglés y ya en 1450 se vuelve idioma oficial. Es importante destacar que la aparición de la Casa de los Tudor introdujo importantes cambios favorables para el afianzamiento de la nación. Enrique VIII, por ejemplo, estableció una iglesia nacional, fortaleció la clase media, se centró en la monarquía, fortaleció la ciencia positiva y reconoció los derechos naturales comunes a todos los hombres[3]. “La finalidad de su nacionalismo jamás fue la integración completa del individuo en la nación; siempre dio gran importancia al individuo a la comunidad humana, más allá de todas las divisiones nacionales (…)”[4].
Por último, España era el país más fragmentado de Europa ya que no existía, paradójicamente, una unidad religiosa (sin contar los múltiples dialectos y costumbres que se puedan encontrar); es más, los mahometanos y los judíos superaban en número a los católicos. Por lo anterior, los Reyes Católicos, para unificar a España, idearon una institución que tenía por objeto forjar la unidad del estado: La Inquisición. Lo que se buscaba, a través de la anuencia de Dios, era convertir a los paganos (moros y judíos) a la religión única y verdadera; logrando que la religión unificara al pueblo español en una sola nación. “La inquisición luchó contra los mahometanos y los judíos –los enemigos de la fe- que se oponían a la unificación de la nación”[5]. Sin embargo, la Inquisición no logró su objetivo de unificar a España como una sola raza, tradición, lengua, credo; lo único que mantuvo y mantiene unido a este país es la monarquía. Es de tener en cuenta que España, hoy en día, es el mismo caso de Colombia: es nación porque así se estableció en su Constitución, pero no porque la población española se sienta identificada entre sí.
Frente a esos ires y venires, cada país se concentró en unir a su pueblo formando un todo llamado nación. Es por ello que unos se concentraron en una nación natural y otros, en una nación cultural. La primera tiene que ver con la raza donde prima ciertas características hereditarias; como ejemplo preponderante tenemos a Alemania. Ellos consideraban que hombre nórdico era capaz de gobernar al mundo pues es el más veraz, activo, libre y, ante todo, con sentido de justicia[6]. Por otra parte, el segundo, como nación cultural, deviene ya por asuntos de religión, idioma y hasta viviencias. Ya el vínculo no es una cadena de generaciones sino la conciencia de pertenecer a un pueblo y representarlo a través de la voluntad política: “El pueblo es una estructura histórica”[7]. El mejor representante de este tipo de nación es Francia. El profesor Vallés define estos dos conceptos así: para los franceses, la nación está constituida por la voluntad de convivir en una comunidad política sin distingo de raza, credo o lengua donde la soberanía ya no reside en el monarca; mientras que para los alemanes, la nación está determinada por la raza, la costumbre, la religión, la lengua donde son consideradas como el ‘alma colectiva’ y, por tanto, es nación frente a otras naciones[8].
Pero es menester explicar que el pueblo no puede confundirse con la población geográfica. El pueblo, desde el punto de vista político y del derecho constitucional, es aquella organización humana dotada de poder para decidir sobre su propia organización[9]. Es este pueblo el que evolucionó junto con la nación; en principio era un simple súbdito, hoy es titular del poder constituyente de la nación y, por ende, del Estado. En otras palabras, el pueblo es la masa inculta no poseedora y la nación se constituye sólo por ciudadanos[10]. Dicho pueblo se hace visible con la Revolución francesa (que hasta entonces el pueblo era confundido con nación; como lo explica el profesor Ferriz “nación deriva de una raíz latina que alude al origen de las personas y que se usa por primera vez en la Soborna con el propósito de distinguir los diversos grupos de estudiantes en función de su procedencia. En España, en el Siglo de Oro, se utilizaba la misma derivación semántica, aunque ya se apunta otra de carácter filológico, por ejemplo, en Cavarrubias: ‘nación vale reino o provincia’”[11]). Es importante la Revolución francesa porque es en este instante donde la soberanía se transfiere del rey a la nación; de igual manera, se instituye la bandera y el himno nacional como símbolos de coerción y sentimiento nacional. Ahora bien y cabe anotar, que de la Revolución francesa no nace la nación sino que es un detonante para su surgimiento ya no como una nación cultural sino como una nación política dentro de un país que se hallaba organizado tanto política como administrativamente.
Empero, cualquiera que sea su origen: cultural o natural[12], la nación será siempre, para Anderson, imaginada puesto que en un territorio se alberga tanta gente que entre ellas mismas no se conocen, pero que en su imaginario saben que están allí. Se imagina soberana porque se legitima en un estado soberano. Se imagina comunidad porque si bien no conozco al otro, es mi compatriota sin importar la desigualdad y la explotación[13].
Todo lo anterior dentro del contexto europeo, pero qué pasa en el continente americano. Cabe anotar que la nación no siempre nació primero que el Estado. Por ejemplo en América, primero nació el Estado luego la nación. “El continente americano genera sus propias naciones en función de un hecho político, siendo radicalmente ajeno a un nacionalismo de base cultural que se veía imposibilitado por la sustancia realidad pluricultural”[14]. Para Marx y Engels distinguen naciones con historia y naciones sin historia; las primeras vendrían siendo, obviamente, Europa mientras que las segundas lo conformaría el continente americano y africano. Las naciones con historia las constituyen aquellas que se han dotado de todo un aparato burgués al servicio del estado. Las naciones sin historia están conformada por campesinos y de autoridades extranjeras (tal cual como se presentaba en Colombia). De todas maneras es oportuno aclarar que “si el nacionalismo es, fundamentalmente, un instrumento ideológico tendente a favorecer la idealización del Estado, punto recurrente de la visión marxista, resulta obvio el rechazo del mismo”[15].
Para el académico Anthony Smith existen unas proposiciones básicas del nacionalismo como son:
“a. El mundo está dividido en naciones, cada una con sus características, historia y destino.
“b. La nación es la única fuente de poder político.
“c. La lealtad a la nación está por encima de cualquier otra lealtad.
“d. Para ser libre, cada individuo ha de pertenecer a una nación.
“e. Toda nación requiere autonomía y plena libertad para la propia expresión.
Hoy en día, en el derecho internacional, lo importante es que cada Estado tiene conformada su Nación. Es decir, que un país al dotarse de una organización política tiene implícita su nacionalidad. Lo anterior es un principio del derecho internacional donde se da por hecho la existencia de una nación y que permite, en un futuro, realizar secesiones[17] de un territorio. Ahora de este principio sale otro que es el derecho de la autodeterminación donde no queda obligado a acatar los Tratados pactados con anterioridad; de igual manera apunta a que el pueblo, unido voluntariamente, queda con la libertad de elegir su propio gobierno y sus propias reglas de constitución. Como dice Edgar Morin: “El Estado-nación culminado es un ser a la vez territorial, político, social, cultural, histórico, mítico y religioso. Su realidad es multidimensional, hecha de la trabazón íntima de sustancias diversas reunidas y articuladas en una unidad. (…) El Estado es un ‘aparato’ que dispone de aparatos apendiculares (ejército, policía, justicia y, eventualmente, iglesia)”[18].
Hablando del profesor Morin, él explica que existe una comunidad/sociedad y una comunidad de destino. La primera tiene que ver con el Estado-nación que es un ser social, territorialmente organizado, es una sociedad de relación, pero, también, una comunidad identitaria y reaccionaria frente al extranjero. Mientras que la Comunidad de Destino es de carácter cultural/histórico, es decir, aquella que se conforma por la lengua, la religión, las creencias, las costumbres soportadas por los hechos vividos. Por lo anterior, ese estado-nación es la patria[19] -aquella que conlleva a tener sentimientos relacionados con la madre, con el hogar, con la familia-; pero también es el padre representado en el Estado como el que ostenta la autoridad y que todos debemos obediencia.
Concluyendo, pues, la nacionalidad no es una determinación natural puesto la voluntad es la que decide si somos de uno o de otro país. Es decir, mi adhesión voluntaria es de libre escogencia. Esta idea es totalmente contraria a la nación romántica o natural donde la construcción de nación nace de los vínculos orgánicos[20]. Hoy en día, cabe anotar, que se puede pensar en una tercera categoría como es la nación obligada por la Constitución. Es decir, donde se hace nacional no por la escogencia de ser de ese o de aquel país o el de tener tal o cual características sino por la imposición de la Carta Magna donde se establece que el sitio de nacimiento es su nacionalidad. Bajo esta óptica, no es volutiva sino impositiva puesto que soy nacional de donde nazco y no de la voluntad de serlo o por los lazos naturales que me atan a otro país. Tal como lo especifica Anthony Smith, el nacionalismo de masas se basa en:
“1. Un territorio histórico o patria, mejor si era relativamente compacto.
“2. Una población territorialmente unificada y socialmente cohesionada, si no homogénea.
“3. Una economía unificada con un sistema ocupacional único y movilidad por todo el territorio.
“4. Una cultura pública única, compartida y distintiva, preferiblemente con una única lengua.
“5. Un conjunto de mitos y memorias colectivas diferenciadores, preferiblemente con una historia unificada.
“6. Unos derechos y deberes comunes a todos los miembros, junto con la participación como ciudadanos en una comunidad nacional esencialmente autónoma y preferiblemente independiente y soberana”[21].
Según estas especificaciones, Colombia si bien tiene una economía unificada, un territorio específico y tiene una sola lengua, las costumbres están irrigadas por regiones, la ley es la del “fierro”, los derechos y deberes son ganados a punta de tutelas y sólo pensamos que Colombia se limita a la Costa y/o al centro del país, los otros Departamentos sólo son adornos sometidos a las costumbres y a la autoridad de los más fuertes.
[1] KOHN, Hans. Historia del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica. México: 1949. P.128.
[2] Íbid. p.200.
[3] Íbid. P.140-147.
[4] Íbid. P.158.
[5] Íbid. P.136.
[6] HELLER, Hermann. Teoría del Estado. Fondo de Cultura Económica. Ed.16. México: 1997. P.167.
[7] Íbid. P.178.
[8] VALLÉS, Josep M. Ciencia Política. Una Introducción. Editorial Ariel. Barcelona: 2006. p.155.
[9] FERRIZ SÁNCHEZ, Remedio. Introducción al Estado Constitucional. Ariel. España: 1993. P.192.
[10] Íbid. P.200.
[11] Íbid. P.193.
[12] Hay que diferenciar que nación y etnia son diferentes. Mientras la primera tiene historia propia, cultura pública común y derecho y deberes comunes; la etnia tiene memoria, diferencias culturales y algún tipo de solidaridad (Smith, Anthony. 2004). Es por ello que encontramos ‘naciones multiétnicas’ como es el caso de Suiza, Bélgica y España.
[13] ANDERSON, Benedic. Comunidades Imaginadas. Fondo de Cultura Económica. México: 1997. p. 24-25.
[14] GARCÍA COTARELO, Ramón. Teoría del Estado. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid: 2000. p.153.
[15] Ídid. P.158.
[16] SMITH, Anthony D. Nacionalismo. Alianza Ensayo. Madrid: 2004. p. 38.
[17] Cuando se trata de secesión de Estados, la Convención de Viena establece que los ciudadanos tienen la libertad de escoger entre la nacionalidad del Estado predecesor o la del sucesor. En cambio, si se trata de fusión o de fraccionamiento, el predecesor se extingue y es ahí cuando los nacionales entrarían a adquirir la nacionalidad del Estado sucesor.
[18] MORIN, Edgar. El Estado-Nación. En: Teorías del Nacionalismo. Ediciones Paidós. Barcelona: 1993. p.453.
[19] Para Anthony Smith, la patria es un título de propiedad, “como la reclamación política de un pedazo específico de tierra y de sus recursos”.
[20] RENAUT, Alain. Lógicas de la Nación. En: Nación-Nacionalismo. Paidos. Barcelona: 1993. p.43-45.
[21] Op. Cit. Smith, A. p.139-140.


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